QUIERO SABER PORQUE?!?!?!?!?!

FRAGMENTOS DE MIS PENSAMIENTOS MAS OCULTOS Y SECRETOS

viernes, mayo 27, 2005

estuve con 2 hombres

Ayer no escribí porque simplemente no vine a trabajar o bueno mas bien no vine a la oficina.

Ya se!!! Estuve platicando contigo hasta las 3 am decidiendo ir o no de nuevo con los del trío ya se que quedamos que si iba fuera porque yo quería no porque lo prometí y esas cosas y la vdd en la noche no tenia ganas de ir y pensé tantas cosas, no me quiero comer el mundo antes de casarme simplemente que no lo voy a hacer ya casada eso si esta mas que prometido y decidido, cuando diga para amarte y serte fiel hasta la muerte lo diré en serio.

Me dormí pensando eso en que no iría y no daría ninguna explicación ya que no tenia caso, en la mañana sonó mi despertador y lo apague había acomodado todo el día para no tener que venir a la oficina así podría ir con ellos, me volví a dormir, me levante tranquila me metí a bañar me arregle busque ropa y todo muy lento y decidí que siempre si quería ir pero que si llegaba tarde y se habían ido ni modo n o era para mi, cuando ya estaba lista cheque el reloj eran las9.40am quedamos de vernos alas 10.00 total me fui al lugar de reunión y lo primero que veo es un conocido ya me saludo y pienso que debí poner otro lado como punto de reunión y trato de pensar en como explicar mi presencia ahí.

Los veo a lo lejos llegan me subo al carro y se arranca, comienza manejar rumbo al hotel yo ya sabia a cual iríamos, en el camino les pido que paren y les explico que ya platicando con los dos me di cuenta que me habían echado algunas mentiras y que no importaba que yo también mentí, que yo no quería la penetración y siempre esa ha sido mi regla hacemos de todo menos eso.
Me preguntaron si podrían tocarme y si hacia oral les dije que si entonces aun así aceptaron ir (o acepte yo ya ni lo se)

Llegamos al hotel y uno se bajo a hablar ya que éramos tres personas y pues el costo no es el mismo y esas cosas, mientras el otro me pregunto que si ellos podrían penetrarme con algo mas que no fueran ellos le dije que no traía nada y saco una bolsa del heb, dijo que llego desde temprano y compro un pepino (muy larga historia la primera ves que me vio por cam estaba yo masturbándome para el español y le puse la cama el también y como no había nada mas en la oficina estaba yo usando eso) solo me rei y le dije que si.

Ya regreso el otro y nos dijo que estaba todo listo que pasáramos al cuarto 105, entramos vi que no hubiera gente me baje del carro y entre al cuarto.

Ya adentro me senté en la cama y uno se sentó frente a mi me comenzó a besar y quitar la blusa el otro por detrás termino de quitarla y desabrochar el bra mientras me besaba la espalda, uno me tocaba por el frente y el otro por detrás, realmente se siente rico tener 4 manos sobre ti, me recosté y me quito el pantalón y todo, ok pensaba no ir pero aun así estaba recién depilada porque? Por si por casualidad iba.

Me lo comenzó a hacer con la boca sentía muy rico me excito bastante el otro estaba besándome los pechos, lo jale hacia mi y desabroche el pantalón , el capto la idea y se lo bajo y comencé a meterlo en mi boca, trataba de saber todo lo que pasaba y memorizarlo no pienso volver a hacerlo y quería saber como era todo y como se sentía, de pronto el otro se levanto y fue a lavar el pepino y comenzó a meterlo, me gusto mucho ya estaba yo mas que mojada, el otro se alejo un poco para ver lo que me metían, después me voltee y le quite el pantalón al otro y se lo comencé a hacer con la boca y el otro seguía con el pepino, de repente lo saco y partió en dos lo mojo en mi y trataba de meterlo pro detrás el otro le ayudaba abriéndome mas las piernas, después de un rato ya no acomodamos y estire a los dos cerca de mi y comencé a hacerles oral uno y después el otro se juntaron mas y podía chuparlos al mismo tiempo, trate de meterlos a la boca pero solo podía un poco no me cabían las dos.

Al rato pensé que pues de igual manera nadie me iba a creer que fui y no hice nada y si era la ultima ves pues ya que? Y les pedí que me penetraran, fue algo realmente raro no había estado con nadie mas que mi novio (desde que ando con el) y si uno lo hizo antes fue por menos de un minuto nunca para hacerlo así completo, me puse de rodillas y uno estaba atrás de mi y el otro al frente y se lo hacia con la boca.

No se si siempre sea así o que onda, pues son cosas que no pasan en las películas.

Ellos hablaban entre si para coordinarse de quieres metérsela no primero tu y cosas así.

Cuando uno iba terminar le pregunto al otro si ya había terminado y le dijo que no y le dijo yo ya voy échaselos en la cara (algo que yo le dije que me gustaría pero días antes) y uno termino yo acostada boca arriba y ellos de rodillas uno frente al otro, termino uno y el otro me volteo la cara y termino también, quede toda llena, en la boca no quería ya que hay menos protección (claro que usaron en todo momento condón).

Nos acostamos yo en medio de ellos y comenzaron a platicar cosas del trabajo, uno me abrazo por detrás y me besaba de vez en cuando yo hacia lo mismo, al poco comencé a besarlo y tocarlo y se fue sobre mi y el otro de ver también comenzó a hacerlo, me pidió si podía tomarme una foto que le gustaba mucho y estaba muy mojada le dije que no pero luego después de caricias y de que me masturbaran ya todo me valía en ese instante estaba muy caliente y le dije que si las tomo con el celular, en una creo que se ve un poco mi cara pero la vdd ya no podía concentrarme para verlas bien.

Les dije que había algo que me habían prometió que quería probar la doble penetración uno se acostó y me puse yo arriba mientras el otro se acomodaba, y me lo comenzaron a hacer así los dos al mismo tiempo, si se siente muy rico.
Y quien me diga puta por probarlo mas de la mitad es porque ellos también tienen cosas que quieren probar pero no se atreven o simplemente no pueden.

Probé hice y toque todo lo que quise.

Ya nos quitamos y yo ya había terminado ya no quería mas ellos aun seguían duros, seguí arriba de uno y el otro de puso de rodillas a la altura de los hombros del otro y comencé a hacerlo oral mientras el oro veía y yo seguía moviéndome sobre el, me acostaron boca arriba y terminaron en mis pechos, después fueron a bañarse en turno yo fui la ultima en ir, ya nos arreglamos y me dijeron que si me volverían a ver que les había encantado y no se cuanto claro que yo dije lo mismo sin tener intención alguna de hacerlo.

Y solo reafirmo mi teoría dos hombres son los mismo que dos consoladores o un hombre y un dildo.

Muchas veces idealizamos tanto nuestras fantasías que cuando lo tienes de vdd ves que no son así o esperabas mas.

Si me gusto y mucho no digo que me quede con ganas de cosas lo que se pudiera hacer con dos hombres lo hice todo, simplemente no se no físicamente pero si esperaba algo mas mágico.

Igual con las mujeres quiero mucho a nancy y me encanta estar con ella pero la primera ves me desilusioné mucho esperaba no se algo que trasforme tu vida y no es es así es solo otra manera de tener sexo.

No es algo que buscaría hacer de nuevo ya probé ya se acabo.

Salí y fui a recoger algunas cosas de la boda, y sabes que? No ni una pizca de remordimiento o que la conciencia me molestara en lo mínimo.

Es mas vi a mi novio en la tarde eso si no me atreví a darle un solo beso, y andaba ya ves que dicen que cuando los hombres llegan con regalos y flores por la nada es que porque se portaron mal por así decirlo bueno yo no llego con nada mas que y una actitud de lo mas melosa, a decirle cuanto lo amo que no se moleste por nada que si quiera que le traiga algo que se le ofrece aveces si se le hace extraño, creo que es una manera de pedir perdón.

Después de tantas conclusiones prefiero quedarme con las fantasías aunque ya que mas puedo pedir? Prefiero pensar que estar dos mujeres y un hombre es lo máximo y no lo probare no quiero saber que no es mas que sexo.

Hoy todo normal, y mas agradecida que nunca por todo lo que he hecho y por tener lo que tengo.

33 Comments:

At 10:41 a. m., Anonymous Sonia said...

Con esto sólo demostraste que no le tienes respeto alguno a tu futuro marido. ¡Qué lástima!

 
At 11:10 a. m., Anonymous Anónimo said...

NENA:

Te iba a escribir muxas kosas pero solo te dire, k lastima!!!

 
At 11:11 a. m., Anonymous Anónimo said...

Que poca madre tienes...

 
At 11:51 a. m., Anonymous Anónimo said...

Excelente que te atrevas a Probar loq ue deseas y que sepas ir mas alla en Tus cosas

FELICIDADES PRINCESA

 
At 12:14 p. m., Anonymous Lobsang said...

Los comentarios que reprueban tu aventura, seguro provienen de personas que avientan la piedra y esconden la mano. Yo no voy a juzgar lo que hiciste, pero no puede dejar de decirte que la vida es una sucusión finita de momentos, y por lo que leí, tú sabes aprovecharlos.

 
At 12:36 p. m., Anonymous Anónimo said...

Yo también lo he hecho con dos hombres. Y la neta, no es para tanto. No hay nada mejor que hacerlo con la persona que amas. De todas formas, la bailada quien nos la quita. ;-)

 
At 3:25 p. m., Anonymous Anónimo said...

Hola de nuevo, lo que hagas no es importante, lo preocupante es que escondas lo que haces y sientes, y te aseguro que en una conversacion inclusive te darias golpes de pecho, eso es hipocrecia, y ser hipocrita si esta mal....
te aprecio, y solo recuerda esto: un dia antes de la boda, en la boda y despues de la boda seras la misma persona siempre, asi que si cres que vas a actuar diferante solo por la argolla en tu dedo TE EQUIVOCAS.

Dajunne.

 
At 3:49 p. m., Anonymous Anónimo said...

BIEN POR TI QUE HICIERAS LO QUE QUIERES Y MAS QUE LO CUENTES ES MAS DE LO QUE UNO SE ATREVE A HACER

 
At 4:37 p. m., Anonymous El peje said...

Noooo mi niña, no te preocupes ni atormentes tu cabecita con esos problemas bipolares.
Cantale al pelele de tu novio "Y que voy a hacer... si me encantaaaa la verrrrga y la promiscuidad..." y no te cases por favor porfis deveritas deveritas... Explota tus problemas existenciales y sacales varito.
Pon tu anuncio en el periodiquito que diga "Princesita triste pero complaciente para hacer realidad tus fantasias servicio ejecutivo"
Ahorrale un corazoncito roto a tu maridito...

 
At 4:57 p. m., Anonymous Anónimo said...

PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!

 
At 5:25 p. m., Blogger Pp said...

Hola amiga, no juzgaré lo que haces, no creo tener el derecho, cada quien hace lo que quiere, pero creo que lo mejor es hacer las cosas con HONESTIDAD, primero contigo y luego para las personas que te rodean y te aman...

 
At 5:39 p. m., Anonymous karina said...

ke buena se pondrá la madriza ke te dé el burro de tu novio una vez ke se entere

 
At 7:37 p. m., Blogger Lavy Heartless Dark said...

El mundo no es perfecto, ni nadie lo es, Todo tiene un precio y cada quien paga lo que debe, que poca madre que se metan a insultar, como si fueran personas santas acuerdense cabrones... Quien este libre de pecado, que tire la primera piedra... yo no criticare nada.

 
At 8:23 p. m., Anonymous Anónimo said...

Princess:
Bueno estubimos hasta las tres platicando pero yo no te dije que no lo hicieras, pero que hicieras lo que tu quisieras hacer no que lo otros quieran... arrgg ya me enrede como sea, el caso es que al parecer te saliste con la tuya, jejeje... la gozaste bien, estubo padre pues que bueno... pero como te dije, ha veces que abrimos puertas que ya no podemos cerrar, eso es lo que pienso, a mi ya me ha pasado, saludos y besos. que estes bien. te quiero. Ya sabes quien soy

 
At 6:25 p. m., Blogger S.i.n.i.e.s.t.r.o said...

Te felicito, que nadie te diga lo que tienes que hacer solo tu eres la arquitecta de tu vida y cuando gustes como gustes y con quien gustes eres la dueña de tu cuerpo mente y vida, recuerdalo, Tu eres una nacion libre y soberana donde nadie mas que tu sabe que hacer.

Solo cuidate

 
At 5:49 p. m., Anonymous Anónimo said...

Bueno yo no te felicitaré ni te criticaré por tus actos, pues son cosas que tu kieres hacer y tienes toda la libertad, son fantasias ke muchos tienen y nadie aki puede tirar la piedra ni esconder la mano, nadie, el unico detalle que me llamo la atencion fue sobre tu novio, al parecer ay mucha comunicacion o no se cuanta cosa, es solo que me parece que si ubiera un poco de respeto hacia el no estaría de más. gracias y saludos..

 
At 4:39 a. m., Blogger nacho said...

Disculpa lo que voy a decir pero por los errores de lógica que tiene tu guión, creo que todo esto no es más que un invento, un simple texto sacado de ver películas, cosas así. Hay ciertos momento en que parece que quien narra es un varón.

Saludos.

 
At 4:42 a. m., Blogger nacho said...

Los que firman desde el anonimato ni siquiera merecen tomarse en cuenta. a mí me encuentran en humphreybloggart.blogspot.com

 
At 5:09 p. m., Anonymous Anónimo said...

guau!!! me pareces muy interesante, es la primera vez que leo tu pagina, al caso, te felicito, decidirse a hacer l oque uno quiere, sobre la critica y sobre la chiflada, es de Huevos, me cae que a muchos hombres nos da miedo o verguenza siquiera contar nuestras fantasias, Te felicito, ojala hubiera estado yo en el trio, Animo. Icarus Monterrey

 
At 2:46 p. m., Anonymous Anónimo said...

¿Y cuanto cobras?
Creo que si te dedicaras a la puteria te hacias rica de la noche a la mañana. A la mejor y hasta tu futuro marido estaria de acuerdo en administrar tus nalguitas ;)

Chido por ti que lo disfrutaste, yo si fuera el que te da, simplemente le diria a mis amigos. Me eche a una zorra :D jejejee

Y como dicen por ahi ¿Para que casas? No dudo que un dia llegue el lechero, el jardinero o el del agua te encuentre en pelotas y te lo haga.

 
At 2:46 p. m., Anonymous Anónimo said...

¿Y cuanto cobras?
Creo que si te dedicaras a la puteria te hacias rica de la noche a la mañana. A la mejor y hasta tu futuro marido estaria de acuerdo en administrar tus nalguitas ;)

Chido por ti que lo disfrutaste, yo si fuera el que te da, simplemente le diria a mis amigos. Me eche a una zorra :D jejejee

Y como dicen por ahi ¿Para que casas? No dudo que un dia llegue el lechero, el jardinero o el del agua te encuentre en pelotas y te lo haga.

 
At 11:41 a. m., Anonymous Anónimo said...

PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA! PUTAAA!v

 
At 11:44 a. m., Anonymous Anónimo said...

como odio a tanta zorra suelta x dios!! metete una boterra d agua ya de paso y si ves ke tal enganxate a la koka!! Enga nos vmos

Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1

 
At 4:25 p. m., Anonymous KARINA said...

OYE NENA BUENO PERO QUIEN PUTA MADRE ES ESE ANONIMO, QUE SE ATREVE A JUZGAR Y DECIR PUTA..... PUTA PUES QUE RICO, YA QUISIERA TENER UNA MUJER CON LA QUE PUDIERA HACER TODO LO QUE SE LE ANTOJE PENDEJO DE MIERDA CON QUE CALIDAD MORAL PUEDE DECIRTE PUTA Y CUANTO COBRAS Y SI COBRAS SEGURO NO LE ALCANZARIA PARA PAGARTE PINCHE GENTE CERRADA, MACHISTA PORQUE SEGURO AL CABRON A LE SI LE GUSTARIA ESTAR CON DOS MUJERES SEGURO A DE SER UN NACOTE.

 
At 4:03 p. m., Anonymous Anónimo said...

pues mira:

yo se que no soy nadie para decirte lo que esta bien y esta mal, pero si te vas a casar es por que de verdad sientes algo muy especial por esa persona, y yo pienso que lo que tu hiciste esta muy mal, por que esto es muy serio el banco de la fidelidad es muy estricto, si depositas en otro luegar, cierran tu cuenta para siempre, ¿tu crees que a tu novio lo haces estupido?, ¿y crees que el no te va a engañar?, creo que es muy obvio que los dias que tu no estas con el, el esta con otras chavas teniendo relaciones pero en
fin jaja

byee!!

 
At 6:58 p. m., Anonymous Anónimo said...

Hace algunos años me paso algo similar con algunas amigas y nunca lo podre olvidar, la verdad es que casi pierdo a mis amigas y me metí en algunos problemas, pero no cambiaria ese momento por nada en el mundo.

 
At 8:30 p. m., Anonymous Anónimo said...

Woooow, y las fotos?

 
At 11:58 a. m., Anonymous Anónimo said...

Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Zorra! Pero ke marrana eres!!!!!!!!!!!!!!!!!1

 
At 5:27 p. m., Anonymous Anónimo said...

yo se como desemboca todo eso mucho placer muchos patas pero te vas a volver mas exijente en cuanto al largo y al grozor de los penes y al fisico de tus amantes las venereas vendran hasta el sida puede ser pero bajo este sol no hay nada nuevo un dia sabra tu esposo todo esto y yte dejara y dios ...... claro no cuenta para nada,, pero eso es fornicar el diablo nunca duerme mejor comprate consoladores inflables y te abrevias el pecado y quieres mas a tu esposo y a dios suerte te digo eso porque mi esposa me engaño asi y tuve k usar trucos para saca la
verda ahora vcivo muy solo y triste por eso piensa bien lo k haces buena suerte amiga,,.

 
At 10:55 a. m., Anonymous Anónimo said...

para que te casas ? pobre de tu comprometido que lastima que yo no estoy cerca para abrirle los ojos para que no cometa el error de casarse contigo por que eres traicionera y falsa ya habia escuchado otra historia igual con otra descarada . no se vale enganar asi . no lo quieres el que ama no tiene nada que buscar en otra parte . y mucho menos si esta comprometida si este es el respeto que le das y el valor a un compromiso , a una relacion como sera cuando te cases y lleguen los problemas que siempre llegan en toda pareja . debes de hir a un sicologo antes de casrte. y yo te recomendaria que lo pensaras bien antes de casarte por que creo que el pobre hombre va a ser un cornudo o mejor dicho todavia no se ha casado y lla le pusieron los cuernos. no te valoras como mujer ni como ser humano ni respetas a tu pareja la que va deposito la confianza hasta para casarse contigo que pena . como ser humano eres muy baja, para no decirte otra cosa , te gustaria que te enganaran ? te hubiese gustado si hubiese sido alrevez ? y cuidado con las fotos que te tomaron , sabra dios que va a pasar con esas fotos cuidado que dejarse tomar fotos en cosas asi le pueden destruir la vida completa a una persona aunque despues de lo que hisistes no creo que te importe mucho .pero no se sabe si van a llegar a manos de tu comprometido . tus amigos se acostaron contigo pero los hombres despues que se acuestan con las mujeres hablan mal de ellas y las desacreditan y no piensan nada bueno de la mujer , por mujeres como tu es que los hombres se creen que todas son iguales y no las respetan y no las valoran . que pena que para sentirse bien una persona tenga que aventurar de esa manera siendo infiel . que pena .

 
At 7:56 p. m., Anonymous oRi said...

kIERO tu Número...harias conmigo un gran Hombreee...k melosa..k morbosa...k GRANDEE

 
At 1:20 p. m., Anonymous Anónimo said...

hola, felicidades, por cumplir una fantsia k tienes ya que uno se no se atreve hacerlas, yo que mas quisiera cumplir una fantasia asi, y eso k soy madre soltera....

 
At 11:26 p. m., Anonymous Anónimo said...

d verdad.... la mayoria d personas que juzgan a mal lo q haces son hipocritas.... podria apostar que todos los hombres q ayan opinado sobre tu aventura lo harian con dos mujeres sin pensarlo.... una persona puede hacerlo con toda la gente que le de la gana.... es su vida... que agan lo q quieran... siempre seguros... osea me parecio muy bien q usen condones, ya no queremos mas ETS...
Realmnt no veo xq juzgarte como puta o zorra.... estaria mas q mal...

Aunque tenga 17... se que el sexo no es como antes... un tabu y lo ultimo para hablar con tus hijos.... que te juzguen mal por hacerlo a temprana edad? que estupidez

como hombre te digo q TODO hombre a tenido mas q mil pensamientos durante muchooooo tiempo sobre el sexo...y si pudieran lo harian todo el tiempo que el cuerpo nos de... y tambien estoy seguro de que muchas mujeres se sienten atraidas x el tema desde jovenes... sino no lo harian desde tan jovenes... y las q guardan su virginidadhasta adultas es mas x q fueron formadas con el tema d la idea antigua de q el sexo era algo totalmnt reservado... vamos si a nadie les dijeran eso todooo el mundo lo aria d mil formas... xq no es algo q inatamente pongas como bien o mal... lo que si esta mal seria no cuidarte en el sexo, que realmnt es lo mas importante....
simplemente hay q saber lo q uno hace.... osea yo antes d hacerlo x primera ves me informe bien de como cuidarme a mi y mi novia... y todo salio bien.... y las veces que hemos podido hacerlo y no tenia alguna forma d cuidarnos (aunq confio mucho en ella y yo no tube relaciones con otra persona) no uvo penetracion alguna... siemplemnte besos y el uso d las manos...

Ahora si estas en algo realmnte serio con otra persona debes mantenerte solo con esa persona.... sino creo q realmente se veria mal el echo de acostarte con otras personas teniendp novi@ o esposo/esposa....

el mundo aun tiene ideas tan equivocadas que viene arrastrando desde hace mucho tiempo.... todos tenemos derecho a estar informados desde muy jovenes y si queremos hacer algo ay q estar informados para no hacer algo q luego no traiga consecuencias realmnte jodidas....

Aunque mantengo la idea de que hacer el amor es muchoooo mejor que tener sexo.... pero contal d que uno no se convierta en un enferm@ sexual y sepa lo que hace no esta mal....

El mundo no ve que todo esta cambiando??? acaso no se dan cuenta de como van cambiando las culturas a un mundo mas liberal? y que critiquen el cambio es porque estan con ideas antiguas que cada ves se van reduciendo... y si critican mal este cambio pueden tener razon enque no lo hemos sabido llevar.... hay que cuidarse .... y si no quieren pensar d otra forma q importa... ya moriran y el mundo cambiara =) en el futuro tendremos un mundo sin tabus... sin religiones que realmnte tienen fundamentos en la psicologia dl miedo y bastante creatividad... y se llegara a aceptar la ideologia dl genero, aunq no estoy muy d acuerdo con eso pero al final c aceptara y la gnt vivira feliz y sin ser criticados...

trankila.... yo lo e echo con 2 amigas.... y es demasiado buenoo!! ahora.... xq si yo lo digo no se ve como que tu lo digas?? aun queda machismo en el mundo.... ya terminara d cambiar... junto con muchas cosas mas....

realmnt me da tanta risa la gnt q t dice puta... XD ellos no saben lo q c pirden.... y si no lo sabian.... el sexo ayuda a mantener la piel joven.... mejora el flujo sanguineo.... previene enfermedades a los huesos... previene enfermadades al corazon... da brillo al pelo.... libera la respectiva hormona en hombre o mujer... pero hay q cuidarse!!! y saber lo que se hace Cuidate =) Si vienes a Peru nos podemos ver...

 

Publicar un comentario

<< Home

<bgsound src="http://www.angelfire.com/theforce2/robertogut/Music/10-La_princesa_ha_estado_triste.mp3">